El selectivo DAX 40, índice de referencia de la Bolsa de Fráncfort que agrupa a las cuarenta mayores cotizadas alemanas en función de su capitalización y liquidez, registró recientemente un retroceso del 0,56 %, cediendo 130,81 puntos hasta situarse en la cota de los 23.168,08. Desde su creación el 1 de julio de 1988, este indicador funciona habitualmente como un índice de rendimiento donde los dividendos repartidos por las empresas se reinvierten automáticamente de forma continua durante su horario de negociación, comprendido entre las 9:00 y las 17:30 horas CET. Precisamente en el terreno de la retribución al accionista, dentro de este gran ecosistema financiero, hay un valor que acaba de pisar el acelerador con fuerza: Continental.
El giro hacia la rentabilidad pura
El histórico fabricante encara ya la fase final de su profunda reestructuración corporativa. Los planes de la compañía pasan por convertirse en uno de los grandes atractivos del mercado alemán por la vía del dividendo. Las primeras pruebas de esta estrategia ya están sobre la mesa. A principios de mayo, la empresa tiene previsto repartir 2,70 euros por acción, superando en veinte céntimos las previsiones que manejaba el consenso de los analistas.
Evidentemente la hoja de ruta va mucho más allá de un pago puntual. La dirección quiere enfocar todos sus esfuerzos en la división más lucrativa del grupo, que no es otra que el negocio de los neumáticos. Hablamos de un segmento clave que presume de un margen ajustado del 13,6 %, más del doble de la rentabilidad que ofrece la segunda gran rama del conglomerado.
Una inyección de capital en el horizonte
Para materializar este enfoque, Continental planea desprenderse de su filial Contitech este mismo año. Las cifras que circulan actualmente por los mercados financieros valoran la operación entre los 3.500 y los 5.500 millones de euros. Tomando el punto medio de esta horquilla, el importe de la venta equivaldría a casi el 40 % del valor actual de la multinacional en bolsa, lo que se traduce en unos 22,50 euros por cada una de sus doscientos millones de acciones en circulación.
El destino de estos ingresos parece estar bastante definido. La cúpula directiva baraja una combinación que incluye la reducción del pasivo, programas de recompra de acciones y el abono de un dividendo extraordinario. La presencia de un accionista mayoritario de referencia en el capital de la empresa hace pensar que esta última opción tendrá un peso muy considerable en el reparto. Desde el banco suizo UBS apuntan alto y no descartan un pago especial que podría alcanzar los 18 euros por título, mientras que otras proyecciones del mercado son algo más comedidas y sitúan la cifra en torno a los diez euros. Incluso dejando a un lado estos extras, los tres euros por acción que se estiman como retribución ordinaria para el presente ejercicio ya empiezan a quedarse cortos frente a la capacidad real de la nueva estructura de la empresa.
Vientos de cara en bolsa y tensiones geopolíticas
A pesar de manejar unas cifras tan prometedoras, el mercado no se lo está poniendo fácil a la compañía de Baja Sajonia. Las acciones han sufrido un castigo notable últimamente, perdiendo alrededor del 20 % de su valor desde los máximos registrados el pasado mes de febrero.
Existen varios frentes abiertos que justifican este frenazo bursátil. Por un lado, las previsiones de negocio adelantadas por la directiva para este año pecaron de excesiva prudencia, enfriando un poco los ánimos. Por otro, el complejo tablero internacional añade presión adicional. Continental se perfila como uno de los posibles grandes perdedores económicos si el conflicto bélico con Irán se intensifica, dado que la producción de neumáticos es extremadamente sensible a cualquier encarecimiento del petróleo.
En el peor de los escenarios, una escalada de la violencia en Oriente Medio podría llegar a torpedear la venta de Contitech. Los posibles compradores, que muy probablemente serán fondos de capital riesgo, no dudarán en intentar aprovechar el ruido geopolítico para presionar a la baja el precio de compra. A su favor, la compañía alemana cuenta con la enorme ventaja de tener los deberes hechos y no sufrir urgencias de liquidez. Si las ofertas que llegan a la mesa no convencen, el consejo de administración tiene margen más que suficiente para paralizar el acuerdo y guardarlo en un cajón antes que malvender uno de sus activos principales.